Cada inicio de año se siente como una carrera que empieza antes de que suene el disparo. Propósitos nuevos, agendas llenas y un entusiasmo que a veces es más presión que deseo. Enero suele recordarnos que vivimos en lo que Byung-Chul Han llamó la “sociedad del cansancio”, un tiempo en el que ya no hace falta que alguien nos exija desde afuera: somos nosotros mismos quienes nos imponemos la obligación de rendir sin pausa, convencidos de que en esa autoexigencia se encuentra la autorrealización.
Han advierte que hoy predomina una autoexigencia que no reconoce límites. El “tú puedes” se transforma en un mandato permanente, y la libertad de avanzar se convierte en obligación de hacerlo todo. En esa lógica, el entusiasmo del nuevo año puede volverse un arma de doble filo: creemos que avanzar significa acelerar, que crecer implica hacer más, que detenerse es fallar. Sin darnos cuenta, repetimos un patrón de autoexplotación que comenzamos voluntariamente, pero cuyo ritmo termina por agotarnos.
Por eso 2026 merece empezar distinto. No se trata de renunciar a las metas, sino de reformular la manera de alcanzarlas. Empezar el año no como una competencia, sino como una conversación honesta con uno mismo. En esta clave, los invito a pensar en los siguientes puntos.
1. Redefinir qué significa “avanzar”
No todo avance es aceleración. Avanzar también puede ser profundizar, consolidar o cuidar lo que ya existe. Pregúntate: ¿Qué quiero sostener este año? no solo lograr o crear
2. Elegir pocas metas pero claras y sostenidas
La lógica del rendimiento impulsa a querer hacerlo todo. Elegir metas centrales es una forma de resistencia. El límite no es fracaso: es una decisión consciente sobre dónde poner la energía.
3. Establecer fronteras claras entre trabajo y descanso
Cuando el trabajo invade todo, la libertad se transforma en autoexigencia. Define horarios de cierre, espacios sin correo ni mensajes, y protégelos como parte del cuidado personal.
4. Reservar tiempos sin objetivos
Incorpora momentos semanales sin finalidad productiva: caminar, leer sin propósito, observar. Como señala Han, la hiperactividad constante impide la reflexión y empobrece la experiencia.
5. Aprender a decir “no” sin culpa
Cada “sí” permanente es una forma de sobrecarga. Decir no permite elegir con criterio y evita que el entusiasmo se convierta en agotamiento silencioso.
6. Diseñar ritmos sostenibles, no picos de intensidad
El cansancio no surge por un esfuerzo puntual, sino por la continuidad sin pausas. Organiza el año en ciclos: semanas intensas seguidas de semanas de ajuste y recuperación.
7. Proteger la atención
La saturación de estímulos debilita la concentración y genera fatiga mental. Reducir multitarea, limitar redes sociales y crear momentos de foco profundo mejora la calidad del tiempo.
8. Incorporar rituales cotidianos
Pequeñas rutinas como el inicio activo del día, cierre consciente de la jornada, pausas repetidas le dan estructura al tiempo y ayudan a salir de la sensación de urgencia permanente.
9. Valorar el descanso como necesidad, no como premio
Descansar no es algo que se “merece” solo después de rendir. Es una condición para sostener la salud mental y emocional a lo largo del año.
10. Revisar el camino, no solo los resultados
Dedica un momento semanal a evaluar cómo te sientes, no solo qué lograste. El bienestar emocional también es un indicador de éxito.
Estas no son recomendaciones de autoayuda superficial; son estrategias frente a una cultura que glorifica el cansancio y confunde movimiento con sentido. Integrarlas no nos aleja de nuestros objetivos: nos permite alcanzarlos sin pagar un precio que, con el tiempo, resulta demasiado alto. La pausa no es un obstáculo, sino una forma de claridad. El descanso no compite con la productividad; la hace posible. Y bajar la velocidad no significa perder el camino, sino tomar conciencia de hacia dónde queremos ir.
El cansancio contemporáneo no es solo un asunto personal; es una experiencia compartida que revela cómo organizamos el trabajo, el tiempo y las expectativas sociales. Pensar un 2026 con equilibrio no es únicamente un ejercicio individual, sino una invitación a revisar los modelos de éxito que damos por sentados y los ritmos que normalizamos como inevitables.
Tal vez avanzar sin agotarnos no dependa solo de decisiones personales, sino de conversaciones colectivas sobre cómo queremos vivir, trabajar y convivir. En ese sentido, empezar distinto no significa hacerlo todo de nuevo, sino hacerlo de otra manera. Y reconocer que cuidar el tiempo, la atención y el bienestar no es una concesión, sino una condición para que cualquier proyecto de vida pueda sostenerse.
Referencias:
Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.
Organización Mundial de la Salud (OMS). (2019). Burn-out an occupational phenomenon: International Classification of Diseases (ICD-11).