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Experiencias con el efecto de látigo en épocas del SARS y el Anthrax

En el 2003, laborando para una fábrica que producía mascarillas desechables para médicos y enfermeras, tuvimos un gran reto cuando se presentó la epidemia del SARS. Nuestros clientes principales (las marcas líderes en comercialización de productos médicos a nivel global), nos solicitaban llenar todos los contenedores que pudiéramos, sin importar la cantidad: ellos lo comprarían. Esto representaba duplicar nuestras ventas en el corto plazo con la oportunidad de un crecimiento aún mayor en el mediano plazo si agregábamos capacidad. De esta manera, en menos de 3 días habíamos contratado una gran cantidad de colaboradores para trabajar 24/7. Colocamos órdenes de maquinaria para aumentar nuestra capacidad en un 50% y solicitamos materia prima suficiente para cuando llegaran las máquinas, anticipando escasez de nuestros suplidores. Nuestro proveedor principal de maquinaria, situado en Taiwán, recibía pedidos por igual de fabricantes chinos, por lo que se demoró más de lo normal en despachar. Cuando finalmente recibimos equipos y material, la epidemia estaba más controlada, los pedidos habían cesado y el inventario en la cadena era tan grande que sufrimos de ventas muy pobres en los siguientes meses cuando el personal nuevo apenas lograba superar la curva de aprendizaje.

Algo similar sucedió cuando la amenaza del Anthrax hizo que, en tiendas de productos para el hogar, como Home Depot, desapareciera de un día para otro la cinta gris americana (también llamada “de ducto”). La cadena de suministros desconocía que había un vínculo entre el pico en la demanda de este producto y el Anthrax, por lo que muchos fabricantes decidieron aumentar capacidad creando mayores inventarios en toda la cadena. Cuando se conoció que la gente estaba usando dicha cinta para colocar alrededor de las ventanas como protección contra la posible arma biológica, el inventario y la capacidad excedente en la cadena tuvo como efecto costos tan altos que hicieron que muchas fábricas pequeñas desaparecieran.


La conclusión en ambos casos es que debes conocer en qué escalón de la cadena de suministros te encuentras porque, entre más lejos te encuentres del consumidor final, la demanda amplificada por el efecto de látigo te puede llevar a tomar decisiones erróneas en cuanto a incrementos de capacidad y construcción elevada de inventarios. Lograr una comunicación en toda la cadena, donde se compartan planes, inventarios y estrategias de las empresas que la componen, así como la demanda del consumidor final, disminuyen dicho efecto y por ende ayudan a la toma de decisiones más acertadas.

Autor: Roberto Russo | Colaborador Área de Operaciones de Barna