La solidaridad como don: hacia una antropología de la empresa que integra sin fragmentar
La solidaridad, entendida desde una perspectiva clásica y en continuidad con la tradición aristotélica, puede definirse como la disposición firme a colaborar con el otro para su bien propio, permitiendo que pueda progresar y desarrollarse. Supone trabajar conjuntamente, orientado su florecimiento, y fortaleciendo el vínculo entre ambos. Se sitúa entre la virtud de la caridad y la de la justicia, y precisamente por ello —como ocurre con toda virtud que exige moverse en el justo medio— hay que evitar caer en sus vicios o en sus excesos. Vivirlo de manera desordenada trae como consecuencia más problemas que beneficios, tanto para uno mismo como para los demás.